la intranquilidad
En “Una historia de la felicidad”, capítulo 4 (“Haceme el favor, sé feliz”), Pedro Saborido cita a Ringo Starr:
A veces quieren que seas feliz solo para que no les lleves problemas (*)
La intranquilidad es una sensación física, una intuición que llevamos en lo profundo de nuestro material genético. Surge cuando vemos amenazado nuestro futuro en los términos más biológicos posibles: sustento, refugio, comunidad. La intranquilidad nos genera la necesidad de cambiar las cosas. De romper o de arreglar algo: trabajar.
Por lo tanto, la felicidad y el adormecimiento son armas políticas masivas.
Es magnífica la cantidad de productos que existen para hacernos felices, las mañas de la rutina impuesta por el ethos que nos mantiene ocupados, la interminable cultura que brota de todas las pantallas como arroyos (streams). La sociedad ha diseñado un sistema que nos mantiene contentos y pelotudos, porque no hay nadie más pelotudo que alguien que está contento (y lo envidiamos).
Ustedes y yo, los infelices, los que no tenemos más alternativa que mirar e intentar entender. Y digo esto intentando no pecar de zurdo antigoce ni de peronista termo. No es que no vamos a ser felices hasta que venga la revolución, pero tampoco vamos a volver a ser felices con asado todos los fines de semana y casa propia y vacaciones a Mar del Plata porque ese tipo de Estado ya no existe más; comparto la definición de felicidad que maneja el peronismo, pero no creo en el proyecto político. Como comparto esta noción (“no se puede ser feliz en soledad”), cada vez que veo a alguien pidiendo en el subte me quiero morir. Y como me considero un sujeto con un poco (mínimo) de soberanía sobre la dirección en que dirijo mis pensamientos, QUIERO ENTENDER POR QUÉ PASA Y CÓMO HACER PARA QUE NO PASE NUNCA MÁS.
Este texto va dedicado a los momentos en que me olvido de la política y dirijo la intranquilidad (inseparable a mirar) hacia la rutina, y me cago a puteadas en la calle, en el laburo, en la escuela.
¿Hacia qué dirigimos nuestra intranquilidad?
*- El editor no pudo encontrar la fuente de esta atribución, por lo que supone que es una frase que inventa Saborido.