el hombre sin cabeza

Casi vacío, nocturno

sucio, flanqueado por lesiones cutáneas y ácaros

mirando a los que nunca necesitaron leer un poema

va, diez metros bajo la tierra, el hombre sin cabeza; taciturno

busca, como toda persona de bien

siempre busca

un abrazo que le será negado,

una mirada que lo toque donde tenía los ojos,

dióxido de carbono que sople en su clavícula.

Se le descargó la mamadera y debe afrontar

con toda la crudeza posible y más

su doble vida de hombre

y umbral de lo que no fue.

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