línea editorial

En la Ciudad de Buenos Aires, el día 16 de enero de 2026, dictamínese: Que damos comienzo a la búsqueda de afloramiento verbal, intestinaje vernáculo de los libertinos dispersos sobre este pavimento gomoso que nos sostiene.

Nosotros, que pretendemos compilar lo heterogéneo y heterodoxo sin que pierdan sus cualidades.

Que somos los que ansiamos un bisturí que separe el quiste y un martillo que lo reviente y desgrane en motas variopintas sobre una pared blanca.

Que tenemos el deber moral de defender el erotismo en base a la metáfora y lo que no se entiende.

Que enarbolamos lo inexplicable, porque lo sabemos como lo poco que se cuela entre las grietas del discurso que domina todo.

Que sabemos que todo discurso es un discurso.

Que somos jóvenes y en una de esas existe la felicidad.

Que toda etiqueta nos queda muy corta.

Que toda etiqueta nos sirve para obligarnos a comer publicidades dirigidas y amigarnos con pelotudos y dejar de lado nuestra subjetividad para pertenecer a algo “más grande”.

Que nos quedó claro que toda etiqueta suple un vacío identitario y por tanto existencial.

Que pensamos que hay una crisis existencial e identitaria y que para muchos es muy redituable que seas un boludo.

Que no sabemos qué es nuestra identidad, pero sabemos bien que no es digerible. No la definimos.

Que no entendemos nada.

Que no sabemos nada.

Que queremos saber y entender.

Que la vida es capaz de conmovernos en ojos, acordes, letras, movimientos, y nosotros queremos ser conmovidos.

Que nos gusta la palabra “ojo” porque se escribe como se dibuja.

Que a nosotros no nos preguntó nadie si estábamos de acuerdo.

Que estamos medio cagados y dispersos.

Que la inteligencia artificial nos está cogiendo.

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